Enero, mes de la autonomía.

ENERO: MES DE LA AUTONOMÍA

La autonomía es la capacidad para realizar cualquier acción o bien acto, sin depender de nadie. Según Piaget (1948), Los niños desarrollan su autonomía tanto en el ámbito moral como en el intelectual y afirma que la finalidad de la educación debería ser el desarrollo de la autonomía.

El desarrollo de la autonomía significa llegar a ser capaz de pensar por sí mismo con sentido crítico. Teniendo en cuenta muchos puntos de vista, tanto en el ámbito moral como en el intelectual. Promover un entorno que desarrolle la autonomía es fundamental para alcanzar una plenitud intelectual, emocional y moral. La autonomía permite tener un pensamiento crítico y gobernar la propia conducta, con la seguridad necesaria para ello. Sin ella, seríamos gobernados continuamente por los demás, debiendo recibir órdenes e instrucciones para saber qué pasos seguir y cómo comportarnos en cada momento.

Para este fin, es necesaria la implicación de educadores y padres, que faciliten un cambio de enfoque a la hora de educar a los niños, haciéndolos más partícipes en los procesos de aprendizaje.

Tipos de autonomía que debemos promover: intelectual, moral y comportamental

La autonomía intelectual se refiere a la capacidad de saber pensar de forma crítica, reflexiva y global, usando los conocimientos para este fin. En cambio, la autonomía moral y comportamental se refiere a la capacidad para saber qué es lo correcto, regular la conducta y comportarse en cada momento de manera apropiada e independiente.

Un niño o adulto autónomo actúa según sus propias convicciones morales, utilizando su conocimiento del medio y tomando decisiones de manera independiente, sin seguir opiniones de otros, gustos o mandatos. Sabe qué es lo correcto a cada momento y dirige su vida. Un niño o adulto autónomo sabrá que mentir, por ejemplo, no es una vía adecuada para conseguir lo que se propone y sabrá tomar decisiones acertadas por sí mismo; sin embargo, uno menos autónomo, utilizará la mentira si sus compañeros o superiores le dicen que lo haga por un bien común.

Para que haya autonomía, en cualquiera de las áreas mencionadas, previamente debe haber un aprendizaje que sea significativo y perdurable en el tiempo. Por lo que resulta esencial un cambio de enfoque, que ponga el punto de mira en los aprendizajes que estimulen la curiosidad y la indagación, y sean importantes para la persona. La persona para ser autónoma, debe aprender a serlo, desde el propio proceso de aprendizaje y su experiencia. Si el niño se acostumbra de pequeño a que le digan las respuestas y le solucionen los problemas, no habrá aprendizaje que promueva una conducta autónoma en la adultez.

Pautas para favorecer la autonomía en los niños

  • Favorezca su pensamiento crítico y moral cuando surja un conflicto o dificultad, que sepa llegar a sus propios valores, los use para «juzgar» las situaciones y actuar con coherencia.
  • Bríndele la oportunidad de tomar sus propias decisiones y ver los efectos naturales de su conducta.
  • Otorgue responsabilidades que pueda asumir y confíe en su capacidad para ello.
  • Bríndele espacio para que pueda experimentar por sí mismo, errar y aprender.
  • Permítale que tenga sus propios gustos, que tome sus propias decisiones incluso en cuanto a la ropa que desea usar.
  • Anímelo a que tenga su propia opinión y que haga uso de ella, la comparta y la defienda, siempre desde una visión crítica y reflexiva.
  • Festeje sus logros y motive a que persiga sus metas.
  • Involúcrelo en los planes de la familia, teniendo en cuenta sus ideas y aportaciones en los procesos de decisión.

**El juicio Moral del niño, Piaget, 1932.

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